“Cuando tienes un sistema que te trata mejor si eres rico y culpable que si eres pobre e inocente, tienes un sistema comprometido por prejuicios raciales y contra los pobres”

Bryan Stevenson, abogado de derechos civiles, fundador y director de Equal Justice Initiative

La historia del racismo en los Estados Unidos va de la mano de la historia de la pena de muerte. El abogado de derechos civiles Bryan Stevenson cree que existe una conexión directa entre la esclavitud, los linchamientos, las leyes Jim Crow -que permitieron la segregación-, el corredor de la muerte y el sistema de encarcelamiento masivo, así como los asesinatos de afroamericanos en manos de la policia. “Tenemos un sistema que te trata mejor si eres rico y culpable que si eres pobre e inocente”, dice Stevenson. Los Estados Unidos forma parte de la lista de más de 50 países del mundo donde la pena de muerte es legal.

Más allá del dilema moral acerca de la pena de muerte, este castigo es controversial porque acarrea un bagage ligado a la esclavitud y al siesgo racial. En un 76% de los casos en que la víctima de un asesinato es blanca, el acusado es condenado a muerte -aunque a nivel nacional los blancos representan la mitad de las victimas de asesinato-. Si la persona asesinada es negra, solo el 15% de los acusados son condenados a la pena capital. En el corredor de la muerte hay un 41% de personas negras, un 42% de blancas y un 14% de hispanas. Aun así, los afroamericanos representan solamente el 13.4% de la población del país y los hispanos un 18.5%. Es bastante usual que personas inocentes sean condenadas a muerte en casos donde no hay suficientes pruebas, o donde el racismo tiene un papel fundamental en la condena de esa persona. Muchas veces, los jurados populares están formados por personas blancas y la persona acusada es negra. Una vez condenados a muerte, es muy difícil lograr que se revise un caso aunque se intuya que ha habido errores y que no se ha garantizado un proceso legal justo. Son muchos los condenados que mueren sin haber tenido represntación legal.

Bryan Setevenson nació en Milton, Delaware, el año 1959. Es el fundador y el director ejecutivo de la organizacion sin ánimo de lucro Equal Justice Initiative (EJI) que lucha contra la pena de muerte y contra el sisego racial en el sistema de justicia penal de los Estados Unidos. Stevenson y su equipo han salvado a 135 personas de ser ejecutadas en el corredor de la muerte. Stevenson es conocido también por haber ganado diversos casos en la Corte Suprema. En una decision de la Corte que marcó jurisprudencia en Miller v. Alabama (2012) se declaró que era inconstitucional condenar a cadena perpetua sin libertad condicional a niños menores de 17 años. La sentencia afectó a los estatutos de pena de muerte de 29 estados. En otra sentencia de la Corte Suprema en Montgomery v. Louisiana (2016), se consiguió que la sentencia de 2012 se aplicara retroactivamente de manera que las condenas de 2.300 personas podían verse afectadas. Recientemene, Setevenson tambien participó en el caso de Madison v. Alabama (2019) donde la Corte falló a favor de proteger a los condenados que sufren demencia.

Stevenson se reconoce hijo de la decisión de la Corte Suprema en el caso Brown vs. Board of Education, un fallo que en el año 1954 determinó inconstitucional la segregación de los niños en las escuelas públicas y que obligó por la fuerza de la ley a que los niños negros pudieran acceder a las escuelas públicas juntamente con los blancos. Esta decisión fue uno de los hitos del movimiento para los derechos civiles de los años 60. Estos abogados inspiraron a Stevenson que se dio cuenta del poder que tenían para mejorar la vida de las personas. Por esta razón, decidió convertirse en uno de ellos y fue aceptado para estudiar Derecho en Harvard. Después de sus estudios, se mudó al sur del país, concretamente a la ciudad de Montgormery, Alabama, donde fundó su organizacion EJI. Su trabajo se ha centrado principlamente en luchar por la exoneración de los condenados a muerte, pelear sentencias injustas o excesivas y a luchar en contra de la discriminacion racial que los afroamericanos sufren en el sistema de justicia penal. La organización se ha centrado también en dar representación legal a condenados a muerte que no tienen recursos para pagarse una buena defensa.

En 2019, el Departamento de Justicia de l’administración Trump decidió retomar las ejecuciones federales que habían estado paradas por 32 años, desde que se reinstauraron en 1988. En 1972, el Tribunal Supremo dictaminó que la pena capital era un castigo cruel e inusual por la forma arbitraria con la que se llevaba a cabo y que normalmente perjudicaba a los pobres y a las minorias. Aún así 37 estados siguieron con las ejecuciones amparándose en la ley estatal. Finalmente, el mismo tribunal la restableció en 1976 y desde entonces los estados han ejecutado a más de 1.500 personas. La última ejecucion federal se llevo a cabo en 2003.

Este año, el gobierno de Trump ha llevado a cabo 10 ejecuciones federales las dos últimas el pasado 10 y 11 de diciembre -actualmente hay 60 personas condenadas a muerte en la jurisdicción del gobierno feredal-. Antes de terminar su mandato, tiene previsto ejecutar a tres personas más, entre ellas la única mujer condenada a muerte por el gobierno federal, Lisa Montgomery. Las recientes ejecuciones de Brandon Bernard y Alfred Bougeois fueron duramente criticadas, sobretodo el caso del primero, por quien se desplegó una fuerte campaña mediática y contó con el apoyo de personas influyentes como Kim Kardashian que pidió clemencia a Trump. Bernard tenía 18 años cuando fue complice del asesinato de dos jóvenes juntamente con Christopher Vialva que fue ejectuado también este año. Stevenson calificó estas ejecuciones como “catastróficas” en la cadena de televisión MSNBC y añadió que esta urgencia de ejecutar “es un uso político imprudente de este poder que no tiene precedentes en la historia de este país”. Stevenson espera que el presidente electo Joe Biden haga pasos para que el Congreso apruebe la abolición de la pena de muerte. Biden se ha mostrado a favor de abolir la pena de muerte federal.

La pena de muerte en los Estados Unidos está vigente en 28 estados, de los cuales 3 -California, Oregon y Pennsylvania- aprobaron una moratoria. La jurisdicción del gobierno federal y del ejército también contemplan la pena capital. California es el estado con más prisioneros condenados a muerte de todo el país (724). Este año, el gobernador de California Gavin Newsom signó una orden ejecutiva para suspender la pena de muerte. Además, fue abolida en Colorado y New Hampshire.

Después de vivir parte de su vida haciendo su trabajo con cierto anonimato finalmente publicó sus memorias “Just Mercy” en inglés -traducidas al español como “Cuestión de justicia”-. Del libro se hizo la película que se estrenó en España este año. El libro y la película repasan la vida de Stevenson en su lucha en contra la pena capital, el encarcelamiento masivo y la discrminacion racial enfocándose en el caso de Walter McMillian, un joven afroamericano condenado injustamente y sin pruebas suficientes del asesinato de una joven blanca en el estado de Alabama.

En otoño de este año recibió el Premio Right Livelihood, el Premio Nobel alternativo, por su trabajo contra el encarcelamiento masivo. Stevenson me atendió via email en febrero de este año.

Usted ha dicho que la pena capital es una extensión de los linchamientos que sufrieron los afroamericanos desde el final de la esclavitud en la época de la Reconstrucción. ¿Puede explicarlo?

Creo que existe una presunción de peligrosidad y culpa que se asignó a las personas negras cuando vinieron a las Américas y pienso que es un legado de la esclavitud. Nosotros, en Estados Unidos, no solo esclavizamos a los negros, sino que creamos un mito, una narrativa de que los negros no son tan buenos como los blancos, no son completamente humanos, no están evolucionados, son presuntamente peligrosos y amenazantes. Y esa narrativa es lo que permitió a los esclavizadores justificar la esclavitud. Tuvimos una guerra civil en este país que ganó el norte, pero el sur ganó la guerra narrativa en el sentido de que esta ideología de desigualdad racial persistió y realmente no pusimos fin a la esclavitud a mediados del siglo XIX sinó que simplemente evolucionó.

Esa evolución dio lugar a décadas de terror, violencia y linchamientos. Estos linchamientos que tuvieron lugar en América en la primera mitad del siglo XX no fueron solo por presuntos crímenes, fueron por transgresiones sociales y esta idea de que los negros tenían que ser controlados vigorosamente a través de medios punitivos firmes que dan forma a las relaciones raciales en muchos lugares durante el siglo XX. A medida que los linchamientos en grupo se vuelven menos aceptables, entramos en una nueva era a fines del siglo XX de encarcelamiento masivo. Comenzamos a enfocarnos en las comunidades negras y moernas y enjuiciar a las personas negras y morenas, y vemos estas enormes disparidades sobre quién es arrestado, procesado, sentenciado y condenado.

Hice la conexión entre el encarcelamiento masivo, el linchamiento y la esclavitud porque nunca hemos superado, nunca nos hemos enfrentado, a esta presunción de peligro y culpa que se asigna a las personas negras y morenas que las hace vulnerables a las condenas, a las sentencias injustas y al maltrato desproporcionado en el sistema de justicia penal de hoy en día.

En sus memorias usted dice que los Estados Unidos no se ha enfrentado con su pasado como lo hizo Alemania con el nazismo o Sudáfrica con el Apartheid, aquí nunca ha existido un proceso de reconocimiento de la esclavitud.

Todos los lugares del mundo que han sufrido y vivido horribles violaciones de los derechos humanos se han comprometido a un proceso de verdad y reconciliación. El proceso de confrontar esa historia ha logrado progresos que no hemos conseguido en los Estados Unidos. En Sudáfrica, el Tribunal Constitucional está rodeado de emblemas, símbolos y signos diseñados para garantizar que nadie olvide la injusticia del Apartheid. En Ruanda, los ruandeses insisten en que las personas que visitan el país sepan lo que sucedió durante el genocidio. Se ha hecho mucho, por ejemplo, hay un Museo del Genocidio diseñado para asegurarse de que nadie olvide el horror de esa época. Alemania es un muy buen ejemplo de nación que se ha comprometido a crear un nuevo paisaje. No puedes recorrer doscientos metros en Berlín sin ver las marcas y las lápidas que se han puesto al lado de las casas de familias judías que fueron secuestradas durante el Holocausto. Hay un Memorial del Holocausto, Museos del Holocausto. No hay estatuas de Adolf Hitler en Alemania.

En Estados Unidos, nunca hemos reconocido el genocidio nativo, -el genocidio contra los nativos cuando llegaron los europeos-, no hay evidencia de eso a diferencia de Canadá y Australia, donde al menos se reconoce las tierras donde se llevaron a cabo las subastas. No hacemos eso en los Estados Unidos. En el sur del país, donde vivo, el paisaje está lleno de la iconografía de la Confederación. De hecho, celebramos a los arquitectos y defensores de la esclavitud. En Alabama, el cumpleaños de Jefferson Davis es un día feriado estatal. El Día de la Conmemoración de la Confederación es una fiesta estatal que honra a aquellos que querían preservar la esclavitud. No tenemos el día de Martin Luther King, tenemos el día de Martin Luther King / Robert D. Lee [general estadounidense que fue el comandante del ejército de los estados confederados durante la guerra civil]. Cuando adoptas estas narrativas, cuando eriges estos monumentos y memoriales que romantizan este período de terrorismo, supremacía blanca y esclavitud, no logras el progreso que se necesita. Creo que debemos comprometernos a una era de la verdad y la justicia en los Estados Unidos, donde comenzamos a hablar honestamente sobre el legado de la esclavitud. Esa es la razón por la que creamos un museo y un monumento conmemorativo y es por eso que estamos colocando placas en sitios de linchamientos, porque queremos crear oportunidades para que las comunidades participen en un diálogo significativo sobre esta historia.

¿Qué son y qué significan el (Museo del Legado) y el (Monumento Nacional para la Paz y la Justicia), -un monumento con los nombres de 4.000 esclavos de los 12 estados del Sur- que usted ayudó a crear en Montgomery, Alabama? ¿Por qué decidió que era necesario crearlos después de años de pelear en los tribunales?

Empecé a darme cuenta que teníamos que salir de los tribunales y comenzar a hablar más públicamente sobre esta larga historia de enfrentar estos problemas. Realmente me sorprendió el hecho de que cuando me mudé a Montgomery en 1980, había 59 postes y monumentos conmemorativos de la Confederación, y no se podía encontrar donde hubo esclavos o donde sucedió la esclavitud en ninguna parte de la ciudad. Así que comenzamos a hacer informes para documentar esta historia de una manera más directa y accesible, y decidimos colocar postes y señales en Montgomery para marcar los espacios donde más se practicaba la trata de esclavos. Y realmente me sorprendió la respuesta de la comunidad. Fue muy emotivo para las personas afroamericanas poder ver finalmente la historia de sus padres reconocida.

El poder de eso me motivó a querer extenderlo y fue cuando comenzamos a colocar postes y señales en los sitios de linchamiento y luego pensé en el hecho de que realmente no tenemos instituciones culturales en los Estados Unidos con espacios narrativos centrados en el legado de la esclavitud, del linchamiento. Ahora tenemos el Museo Afroamericano, que es un lugar maravilloso y poderoso, pero probablemente no está categorizado como un museo narrativo y ese fue el propósito del Legacy Museum y del National Memorial. Queríamos crear espacios para honrar a las seis millones de personas negras que fueron esclavizadas en el sur de los Estados Unidos y como respuesta a los miles de linchamientos que tuvieron lugar. Queríamos hablar más directamente sobre la esclavitud y su legado, su relación con los linchamientos, y la relación de los linchamientos con las leyes Jim Crow y la segregación, y la relación entre las leyes Jim Crow, la segregación y la animosidad racial en relación con temas contemporáneos como el encarcelamiento masivo.

Estoy realmente emocionado porque veo que las personas responden de manera muy poderosa a estos espacios. Eso reafirma mucho la importancia que tiene crear espacios culturales donde las personas puedan comprometerse más honestamente con esta historia y comenzar ese proceso de ajuste de cuentas con el legado que heredamos.

Usted detuvo la ejecución de 135 personas en el corredor de la muerte. ¿Cuál es el principal progreso que ha visto en estos años con respecto a la pena capital? Su organización, EJI está en contra de la pena capital incluso si alguien es culpable de un delito, ¿verdad?

Así es. Creo que la pena de muerte es un problema que no se puede resolver preguntando “¿las personas merecen morir por los crímenes que han cometido?”, creo que la pregunta es “¿merecemos matar?”. Cuando tienes un sistema que te trata mejor si eres rico y culpable que si eres pobre e inocente, tienes un sistema comprometido por prejuicios raciales y contra los pobres, un sistema politizado que comete muchos errores como nuestro sistema comete y no creo que tenga derecho a matar.

Nos oponemos a la pena de muerte. Y me alienta porque ahora hemos visto a diez estados lidiar con la pena capital desde que abrimos EJI. La tasa de sentencias de muerte en este país ha disminuido dramáticamente en los últimos 30 años, la tasa de ejecución ha caído dramáticamente. Actualmente estamos viendo que en estados como California, que tiene el mayor corredor de la muerte en Estados Unidos, el gobernador ha declarado una moratoria, y si eso se convierte en una abolición, la población del corredor de la muerte se reducirá drásticamente. Creo que hemos progresado mucho, pero por supuesto, todavía queda mucho trabajo por hacer. La gente todavía se enfrenta a la ejecución, todavía hay personas inocentes en el corredor de la muerte en este país. Todavía hay personas que no pueden obtener la asistencia legal que necesitan y que literalmente mueren sin representación legal. Todas estas realidades generan una crisis que requiere atención y es por eso que nuestro trabajo continúa, pero me ha alentado lo que he visto en los últimos 25 años en relación a las tendencias en torno a la pena capital en Estados Unidos.

En su libro explica el caso de Joe Suvillan un joven afroamericano que con 13 años fue condenado a cadena perpuetua sin libertad condicional por un crimen que no implicaba un asesinato. Una sentencia de la Corte Suprema -Graham vs. Florida- dictaminó que los menores no podian ser condenados a cadena peretua por casos donde no hubo asesinato y el caso de Sullivan fue revisado. ¿Qué paso con Joe Sullivan después?

Fue liberado en 2018. Vino y pasó un año con nosotros en nuestro programa de reentrada. Ahora vive en una instalación de vivienda asistida, es paralítico. Está fuera de la cárcel y ganamos la liberación de muchos otros jóvenes que fueron condenados a morir en prisión. Alrededor de 500 personas que fueron condenadas a cadena perpetua cuando eran niños fueron liberadas. Estoy muy alentado por ello, porque realmente creo que nosotros somos más que lo peor que hemos hecho, y los niños en particular necesitan tener la oportunidad de recuperarse, crecer y cambiar. Sentí que era completamente inaceptable condenar a un niño a morir en una prisión bajo la premisa de que nunca podría ser liberado. No se puede simplemente decir eso sobre un niño y me complace que algunos de nuestros clientes hayan ganado la liberación.

¿Cómo funciona el programa de reentrada? ¿Es para los que entraron en la cárcel siendo menores o para cualquier persona que sale de la cárcel?

Se orienta principalmente hacia las personas que entraron a la cárcel siendo menores a pesar de que salen en sus treinta, cuarenta o incluso cincuenta años. Debido a que no tienen ninguna experiencia en el mundo libre como adultos, a pesar del hecho de que tienen treinta o cuarenta años, pensamos que teníamos que brindar asistencia a esa población. También aceptamos personas en el programa que fueron a prisión como adultos. Aceptamos a personas que tienen desafíos particulares, ya sea una discapacidad o no tener muchas opciones de dónde ir. Es un programa relativamente pequeño. No podemos albergar a muchas personas porque brindamos alojamiento y asesoramiento, apoyo educativo y capacitación laboral, pero estoy muy contento de haber podido proporcionar estos servicios a muchos de nuestros clientes porque creo que hace una gran diferencia en la capacidad de hacerlo bien si obtienen ese apoyo al salir de la cárcel.

¿Han cambiado las cortes para mejor?

Creo que hay mucho trabajo por hacer en nuestros tribunales. Todavía hay una tremenda representación insuficiente, no existe el tipo de diversidad que necesitamos y todavía hay aspectos de la forma en que tratamos con los fiscales, la policía y los jueces que creo que no son saludables. Proporcionamos inmunidad a los fiscales y jueces de la policía con escudos que los protegen de la rendición de cuentas, incluso cuando realmente cometen negligencias o actos abusivos para las personas y la comunidad, y creo que esa no es una forma saludable de construir un sistema de justicia penal que sea responsable, con el que se pueda confiar y que sea justo. Hay muchas cosas que deben cambiar.

La presidencia de Trump aumentó la intolerancia y dio alas a la supremacía blanca hecho que también sucedió durante el movimiento para los derechos civiles en los 60 y el resurgimiento del KKK [Ku Klux Klan]. ¿Crees que este aumento de la intolerancia es una reacción después de la presidencia de Barack Obama?

Creo que estos problemas han existido siempre y es que no hicimos lo que teníamos que hacer durante la década de 1960 para combatir más directamente la intolerancia y los prejuicios que se han cultivado en este país durante tres siglos. Debido a que no estábamos abordando estos problemas, las cosas no cambiaron tanto como la gente pensó que habían cambiado. Hubo una conducta menos abiertamente racista en relación con la primera mitad del siglo XX, pero aún existía. Creo que lo que hizo la presidencia de Obama fue dinamizar algunas de esas voces y perspectivas para que fueran más visibles y ahora solo se ve más de lo que se veía antes. No sé si en realidad representan un aumento, ya que representan una revelación de estos problemas que vienen de largo. Hay mucho trabajo que hacer en este país para superar nuestra historia de desigualdad racial.

Su familia emigró al norte durante la Gran Migración. Luego usted migró al sur para fundar la organización EJI. ¿Cómo de importante fue su origen familiar para definir el trabajo que terminó haciendo y por qué creyó que la ley era la mejor manera de combatir estas injusticias?

Al crecer en la segregación, ciertamente vi el daño, la exclusión, el trauma y la intolerancia que podían crear, y absolutamente quería hacer algo al respecto. Soy producto de la decisión de la Corte Suprema en Brown vs. Board of Education que abrió la educación pública a los niños negros y a muchas comunidades de niños negros que no podían asistir a las escuelas públicas. Comencé mi educación en una escuela y los abogados vinieron a nuestra comunidad y los hicieron abrir la escuela pública. Lo que me llamó la atención fue que si hubieras tenido un voto en nuestro condado sobre si había que terminar con la segregación racial en la educación, la mayoría de las personas, que eran blancas, no lo habrían apoyado. Hizo falta el imperio de la ley para romper estas barreras y para garantizar los derechos de las personas negras y de las personas pobres, y quedé muy impresionado con estos abogados que tenían la capacidad de obligar a una comunidad como la mía a hacer algo que no quería hacer en nombre de personas desfavorecidas como las personas negras con las que crecí.

Eso es lo que me hizo querer ser abogado para usar ese mismo poder y autoridad en nombre de las comunidades, de los grupos desfavorecidos y marginados. Hay lugares en este país donde los pobres y las personas negras y morenas nunca tendrían el poder político que necesitan para lograr la protección de sus derechos básicos ni en el proceso legislativo ni en el proceso político, por lo que el estado de derecho y los tribunales han sido vitales para la experiencia afroamericana. Eso definitivamente me motivó a querer ser abogado y eso ha continuado moldeando mi pensamiento sobre por qué es importante. Estoy comprometido a proteger a los más vulnerables, a usar la ley y articular los derechos humanos básicos en nombre de estas comunidades.

Siempre ha hecho este trabajo principalmente de forma anónima. No quería mucha publicidad. En sus memorias dijo que en algunos casos la publicidad funcionaba negativamente en los casos en los que estaba luchando. ¿Por qué decidió hace algunos años que era el momento de escribir unas memorias y más adelante lanzar la versión cinematográfica del libro en donde se repasa su vida, principlamete la lucha por garantizar la liberación de Walter McMillian, condenado a muerte injustamente?

Me habían convencido de que la forma más efectiva en que podía trabajar era en los tribunales y tienes razón, no quería mucha atención, no pusimos un letrero en el edificio hasta hace unos años. Era lo contrario, sólo estaba tratando de sacar a la gente del corredor de la muerte y actuando de una manera que no se generara una reacción que hubiera dificultado la libertad a la siguiente persona. Pero hace unos 10 años, en realidad, temí que no pudiéramos ganar Brown vs. Board of Education hoy. No sé si nuestros tribunales de hoy hubieran emitido un fallo para proteger los derechos de las personas desfavorecidas, y si lo hiciera no sé si seria tan disruptivo como Brown [vs. Board of Education] en los años 50 y 60. Debido a que estaba preocupado por este retroceso del estado de derecho de proteger los derechos de las personas, incluso cuando no es popular, fue necesario comenzar a hablar sobre la importancia de los derechos humanos de manera más amplia fuera de los tribunales y me entusiasmó hacer una charla TED, escribí un libro y me hice más público con mi trabajo de defensa. La película es una extensión de este trabajo más amplio en torno a la narrativa. El museo, el memorial, los informes, el libro, el discurso público y la película son solo herramientas para involucrar a más personas a pensar críticamente sobre estos temas. Simplemente, creo que las personas pudieron ver lo que yo he visto de manera regular, y quieren lo mismo que yo, quieren más confiabilidad, quieren un trato más justo, quieren poner fin al abuso y a la mala conducta. Hemos creado un sistema de justicia penal que está aislado de escrutinio y revisión, y es por eso que usar plataformas como el cine, el arte y la cultura para involucrar a las personas y hacer que vean lo que está sucediendo se vuelve cada vez más importante.

Después de haber hecho este trabajo tan duro por tantos años, de luchar y lidiar con situaciones tan extremas en las que muchos de nosotros ni siquiera pensamos, ¿qué es lo que te hace sentir más orgulloso?

En este punto de mi carrera, lo que más me enorgullece es la conexión que siento con las personas que vinieron antes que yo. He trabajdo con maravillosos abogados jóvenes y personas muy talentosas. Estoy muy orgulloso del Museo y del Memorial que hemos creado y que estarán aquí cuando me vaya. Estoy muy orgulloso de los clientes a los que podemos ayudar y aliviar. Pero en realidad, me siento muy conectado con las personas que vinieron antes que yo, me siento atraído por las personas que estuvieron en Montgomery hace 60 años y que hicieron mucho más con mucho menos. Estoy encima de sus hombros, me siento animado por todas esas personas valientes que sobrevivieron a los linchamientos y al terrorismo en la primera mitad del siglo XX. Y me siento conectado con mis bisabuelos que nacieron en la esclavitud y, sin embargo, tenían el deseo y la voluntad de sobrevivir y amarse unos a otros y de crear otra generación y amar, aun cuando estaban rodeados de tanto dolor, odio, maltrato y abuso. Es una cosa tan notable. Me siento conectado con todas esas personas de una manera muy afirmativa y muy tranquilizadora. Y después de haber crecido leyendo, pensando, estudiando, admirando e inspirado por algunas de estas personas que vinieron antes que yo, es maravilloso saber que estoy conectado de una manera que parece real, tangible y viva, y eso me da una gran sensación cada mañana cuando me despierto.

Independent Journalist based in New York

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